Descripción:
La pequeña niña sentía miedo al acercarse a su padre. Quizás el no poder pasar tiempo con él hizo que se distanciara de su presencia. Tal vez hasta pensó que eso no importaba, pero un día ella enfrentó una situación muy difícil y pudo darse cuenta de que sola no podía. Llamó a su padre; él dejó todo lo que estaba haciendo para tomar a su hija en brazos y consolarla.
A partir de ese momento, una barrera se rompió. Aunque ella no se acercaba a su padre, comprendió que solo en sus brazos estaría segura.
El Salmo 46:1 nos dice que Dios es nuestro refugio seguro. Así que preséntate sin temor y hallarás el descanso que necesitas. ¡Corre a los brazos de tu Padre Celestial! ¡Aleluya!
