Descripción:
Erróneamente hemos creído que ser íntegros es sinónimo de ser perfectos o de ser santos, por lo tanto la integridad es algo que está fuera de nuestro alcance, sin embargo Jesús cuando siendo Dios se hizo hombre, no ha dado el mayor ejemplo de integridad, que siendo aún tentado en el desierto, recordó quien era y no cedió a la provocación de enemigo (Hebreos 4:15). El día de hoy Dios nos habla sobre la importancia de mantenernos íntegros, no como una condición que se alcanza de la noche a la mañana sino en lo que se trabaja día y noche, reconociendo los errores y flaquezas, doblegando rodilla con humildad para que Dios se perfeccione, porque eso traerá bendición a nuestra vida y pidiendo así como el salmista David (Salmos 119:33-38). Estamos siendo retados a dar esa talla que no solo agrada al padre sino traerá consigo una gran recompensa en esta vida y la eternidad.
