Descripción:
Este año Dios ha decretado para su pueblo el año del reconocimiento, lo cual no solo significa el reconocimiento de algo de bendición para nuestra vida sino también el reconocimiento que solo él merece. Malaquías 1:6 nos muestra que el pueblo de Israel no reconocía a Dios y todo lo que él había hecho por ellos, ya que era desobediente, muchas veces eso nos pasa, no reconocemos a Dios como lo que él es. Reconocemos a Jesús como nuestro señor y Salvador, que es nuestra primera gran decisión y con ello reconocemos al padre, pero el espíritu Santo también merece reconocimiento porque a él Dios le ha dado autoridad y es quien nos consuela, guía, es nuestro enlace con el hijo y el padre. Juan 3:30 nos da la clave para que reconozcamos al Espíritu Santo y su obra en nosotros, pues dice que para que él crezca es necesario que nuestra carne mengue, y ese debe ser nuestro anhelo cada día. Esta prédica, a manera de reflexión nos invita a evaluar si realmente reconocemos al Espíritu Santo y somos obedientes, porque sobre esa obediencia Dios nos bendecirá.
