Descripción:
Tu corazón es como una lámpara, diseñada para brillar intensamente en medio de las tinieblas. Para mantenerla encendida, necesitas un combustible constante: comunión con Dios, oración ferviente y una vida de santificación. Las distracciones materiales son como vientos que pueden apagar esa luz, pero recuerda que Jesús te llama a buscar primero su reino y su justicia. Como dice Lucas 12:35: ‘Estén siempre preparados y mantengan las lámparas encendidas.’ Al seguir este llamado, reflejarás la luz de Cristo y serás un faro de esperanza en un mundo lleno de oscuridad. No permitas que las tinieblas del mundo oculten tu verdadera identidad como hijo de Dios. ¡Sé luz! Mantén la llama viva y deja que el aceite del Espíritu Santo te sustente cada día.
