Descripción:
Te imaginas tener un tatuaje en tu rostro que te avergüenza y te humilla, uno que no te deja ser feliz y siempre te hace perder oportunidades porque hay una marca en ti, ¡Que gran condena, una marca permanente! Pero lo mismo pasa en nuestro interior, en nuestra alma. Existen muchas lesiones en nuestro interior que marcaron nuestro corazón, posiblemente desde la infancia, y estas marcas te han condenado desde entonces. Este fue el caso de Mefiboset, siendo del linaje real, el se sentía un perro muerto (2 Samuel 4:4 / 2 Samuel 9: 7- 9). Según el diccionario, los estigmas son marcas impuestas en señal de esclavitud, estas marcas nos producen condenación pues no nos permiten alcanzar aquello por lo cual fuimos llamados. Esa es la misión del enemigo robarnos por medio de la condenación al someternos a esclavitud. Pero ¿Cómo podemos combatir esta condena? Juan 8:10 – 11 nos da el ejemplo de la mujer encontrada en adulterio que al estar cerca del Señor no hay condenación. Sin embargo, ¿Cómo creer que ya no hay condenación? El mismo Señor llevo nuestras marcas en su cuerpo (Juan 20:19 – 20) para que por sus heridas nosotros fuéramos sanos, aun de nuestros pensamientos (Isaías 53:3). Hoy por medio de esta enseñanza, toma los elementos (pan y vino) porque su Sangre es poderosa para quitar toda marca que haya en ti. ¡Maranatha!
