Descripción:
¿Qué sería de la vida sin esos deseos o impulsos que te motivan a hacer algo? Ese toque de locura y riesgo que le dan emoción a la vida. Pero, ¿Qué sería de la vida si no pudiéramos controlar todos los deseos o impulsos que tenemos? También sería caótico, porque lamentablemente no todo lo que deseamos es bueno. Podrías negarlo, pero si lo piensas un poco más, todos tenemos deseos ocultos. Deseos que no siempre resultan agradables delante de Dios, y eso se llama concupiscencia; el principal elemento que utiliza el enemigo para tentarnos (Santiago 1 :13-15) y para cada uno es distinto. Te has preguntado, ¿Por qué a veces eres tan fuerte para vencer una tentación y otras veces no? Así como en lo biológico, para dar a luz existe un ciclo hormonal en donde las mujeres son más propensas a quedar embarazadas; así es la concupiscencia, que en ciertas etapas estamos más propensos a ser tentados, y si no la sabemos dominar, nos lleva a “dar a luz” un pecado, y la paga del pecado es muerte (Romanos 6:23). Entonces, si es un ciclo de nunca acabar, ¿Cómo ganar la batalla? Hoy por medio de esta prédica, el Señor quiere abrir tu ojos y oídos espirituales para que le conozcas a Él (2 Pedro 1:3-4), porque el conocimiento pleno de Cristo nos da la herramienta para extirpar de nuestra vida la concupiscencia y puedan ser instalados en nuestros corazones los deseos del Cristo para vivir a su voluntad (1 Juan 2.3). No es fácil, pero su Espíritu Santo ya puso en ti el dominio propio (1 Timoteo 1:7), sacúdete, levántate porque Él viene pronto ¡Maranatha!
