Descripción:
Hace 2 mil años aproximadamente vino nuestro Señor Jesús a la tierra en forma de hombre, vino y con Él, el acto de amor más grande del mundo, a morir por nuestros pecados para darnos libertad y vida eterna a todo aquel que cree en Él (Juan 3:16). Pero cuando vino, hubo quienes lo reconocieron y lo siguieron, y al mismo tiempo quienes lo rechazaron.
Los Fariseos, por ejemplo, fueron del grupo de personas que lo rechazaron (Mateo 23:13) pero, ¿Por qué aun teniéndolo enfrente y siendo tan “estudiosos” no lo reconocieron? Ellos habían escuchado las profecías y estaban buscando la vida eterna, ¿Por qué no lo veían? (Juan 5:39-40) Ellos solo querían el galardón, la vida eterna, pero realmente no le conocían, no estaban buscándole a Él. Es como cuando alguien te busca a ti solo por el beneficio que le puedes dar, mas no por lo que tú eres.
Por otro lado, estaban los magos que conocían las profecías también (Mateo 2:1-6), y fueron a buscar a Jesús para llevarle regalos y adorarle, no con la intensión de obtener algo sino de dar. Así como Simeón o Ana, que esperaban la consolación (Lucas 2:25 – 38)
Esto nos lleva a la reflexión, ¿A quién o qué estamos buscando entonces? Te has preguntado alguna vez ¿Por qué no encuentras lo que estas pidiendo? Primero debemos reflexionar si estamos buscándolo solo por los bienes o por amor, y segundo es que debemos realmente de buscarlo (Mateo 7:7) no solo por momentos, porque el se quiere dejar encontrar.
Las profecías de antes quedaron escritas y todas se cumplieron, y los entendidos supieron encontrar al Señor hace 2 mil años. Hoy existen profecías que se están cumpliendo, y Él viene pronto. No seamos como los Fariseos, que teniendo el conocimiento no se daban cuenta que tenían enfrente al Dios de la Gloria. ¡Maranata!
