Descripción:
¿Alguna vez te has detenido a pensar de dónde viene realmente tu valor? En un mundo que mide a las personas por lo que logran, por cómo se ven o por lo que tienen; la palabra nos recuerda que nuestra dignidad nació el día que Dios nos creó a su imagen y semejanza. (Génesis 1:27). Y aunque las equivocaciones y el pecado trajeron culpa, Cristo vino a cambiar el guion. Él no vino a juzgarnos, sino a restaurarnos y envolvernos en su gracia. Nos devolvió la dignidad de ser llamados hijos. Así que recuerda que tu dignidad no la define lo que opine la gente ni las pertenencias que acumules, sino de quién eres y a quién perteneces.
