Descripción:
Qué fácil es señalar, pero qué difícil es aceptar los errores propios ¿Verdad? Y es que echarle la culpa a alguien más, o al sistema, siempre es más fáci. Pero, ¿Qué parte de la responsabilidad es nuestra? Frases tan comunes como “Es que el gobierno”, “Es que mi jefe”, “Es que mis empleados”, “Es que mi esposo”, “Es que mis hijos”, “Es que mis papás” y la lista sigue... y es así como nuestro corazón se va llenando de amarguras y endureciendo, pensando que somos las víctimas cuando seguramente tenemos parte de la responsabilidad. Esa es la parte difícil, reconocer mis propios errores o mis propias faltas y darnos cuenta que a causa de nuestra necedad podemos estar provocando un mal ambiente e incluso impidiendo nuestro crecimiento espiritual. Hoy por medio de esta enseñanza, el Señor quiere darte un corazón sensible, un corazón de carne (Ezequiel 36 – 26) para cambiar tu manera de pensar y que puedas volver a tu alrededor reconociendo tus faltas y siendo comprensivo, pues el Señor nos pide que seamos mansos y humildes como Él lo fue (Mateo 11:29) y que nos amemos, como él nos amó (Juan 15:12). Que todos puedan ver que ya no eres esa persona insensible que critica, sino que escucha y en vez de criticar cambia de actitud. ¡Ánimo, el Espíritu Santo está contigo! ¡Maranatha!
