Descripción:
Es un clásico que en la familia siempre digan comentario como ¡Eres igual a tu Padre! ¡Tienes la sonrisa de la abuelita! O simplemente se buscan similitudes entre parientes, porque efectivamente la familia no se puede negar, y así como ocurre en lo natural que nos heredan bienes y rasgos, también en lo emocional nos heredan características de nuestra personalidad, y en espiritual podemos llegar a recibir una herencia de bendición o maldición.
Por medio de esta enseñanza el Señor nos muestra que a través de nuestra conducta podemos abrir brecha tanto para bendiciones como para maldiciones en nuestra vida y nuestras generaciones (Éxodo 20:5 – 6). Tal fue el caso de Caín que atrajo maldición no solo a su vida por ser un homicida, sino a sus generaciones, pues 5 generaciones adelante Lamenc aumenta la maldición por el mismo pecado de homicidio (Génesis 4: 23 – 24).
Debemos rogarle al Señor que abra los ojos de nuestro entendimiento para que podamos tener revelación y pedir perdón por la vana manera de vivir heredada de nuestros padres (1 Pedro 1:18) y que a su vez esto nos ayude a vivir llenos de gracia y santidad para no heredar maldición a nuestras generaciones.
Dios hoy nos da la oportunidad de ser punta de lanza en nuestros hogares, abriendo la brecha de bendición. El Padre siempre da oportunidad, así como Noé que fue un reinicio para sus generaciones al ser justo (Génesis 5:29) pues la salvación es propia (Deuteronomio). Así que, a pesar de las maldiciones, hoy el Padre puede desarraigar toda iniquidad para que seas libre y portador de bendición en tus generaciones. ¡Maranatha!
